
Antonio Cuccoliccio fue uno de los tres millones de inmigrantes italianos que desembarcaron en el puerto de Buenos Aires entre fines del siglo xix y comienzos del siglo xx en busca de una vida mejor. A poco de su llegada, Cuccoliccio consiguió un empleo como peón en el circo de los hermanos uruguayos José y Jerónimo Podestá, en el cual se dedicaba a menesteres de limpieza, cuidado de los animales y servicios menores. Un día, el cómico Celestino Petray se presentó en escena hablando como había oído que lo hacía aquel peón: Mi quiamo Franchisque Cocoliche e sono creolio hasta lo güese da la taba e la canilla de lo caracuse, amico. A partir de allí, cocoliche fue la ‘jerga híbrida que hablan ciertos inmigrantes italianos, mezclando su habla con el español’. Hoy cocoliche es un restaurante enclavado en la colonia Juárez, dedicado con pasión a los deleites culinarios italo argentinos.
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